domingo, 15 de septiembre de 2019
Soltar
Estuve mucho tiempo cuestionándome, castigándome, reprimiéndome, culpándome por situaciones que eran parte de mi vida y que no quise aceptar. Es momento de soltar, soltar, soltar, soltar, soltar, soltar, soltar y empezar a navegar por la vida, así como un barco en el mar, así como un barco de papel en un río, porque soy eso, soy fluir, soy energía. Necesito de la energía de la naturaleza, de la tierra, del mar, de la montaña, de las nubes, de la luna, del sol, de las estrellas, del universo, de los arboles, del mar, del día y de la la noche. La locura hoy me sostiene y me impulsa a vivirla intensamente. Solo soltar y liberarse para empezar a vivir y experimentarlo todo.
miércoles, 11 de septiembre de 2019
Carmen Aida Rodriguez Donoso
Mamita, carmela, carmencha, citaanto, Carmencita, Sra. Carmen:
Mira a tu alrededor, hoy has convocado a mucha gente que te conoció, o que conoció Fabián, a mis hermanos, a mi o a mi tata o tus hermanas y hermanos. Esto no es azar, no es pura causalidad, es porque en nosotras y nosotros fuiste transformando vidas. Solo me arrepiento de no haberte dicho que sí: eras muy bacán. Te lo hacía ver, te regaloneaba con lo que querías.
Últimamente con pancito de masa madre, pastelitos de la perla o quesito del rico como me decía. Cuando te avisaron del tumor, ahí estabas, con miedo, pero dispuesta a vivirlo, como sea. En el hospital, te vi la cara de susto, pero yo puse una de esperanza y mi hermana también. Estábamos cagadas de miedo. El Fabi con cara de afligido de tomaba la mano con mucho aguante, porque a pesar de sus peleas, sus salidas a comprar corchetes, de sus lagunas de odio, te escuchábamos hablar por teléfono a escondidas en el baño con tu compañero, tu hermoso compañero que te hizo el aguante con todos los regaloneos. Esos que no solo fueron para ti, sino para mi wely y mi tata, lo que más amaste en tu vida junto con nosotros. Fuiste porfiada, te conversamos muchas veces que ya bastaba de “ese ir y venir”, porque antes de irnos a Punta Arenas con mi papá, mis hermanos y la Anto, el Fanfi me dice: “adivina con quien está hablando, hermana, con Fabián”. Resistieron los dos, con aguante, con power, lo que haya sido, fue compañerismo.
Y si remontamos los años, cuando estabas llena de deudas por la separación, te dedicaste a garzonear, en Pomaire. También se te ocurrió ser locutora de radio. Hacías programas con música romántica y concursos, en donde la única que ganaba, era la Joaquita. Porque sí, les cuento que el concurso era arreglado. Cómo no olvidar, cuando se te ocurrió ser productora de eventos junto con tus apoderadas: vendían almuerzos, después fue coser fundas (las que me pedías de una semana otra y me apurabas para terminar) para arrendarlas. Cómo no olvidar, cuando nos enseñaste a viajar: chiloe, Puerto Montt, frutillar, puerto varas, Valdivia, salto del laja, Pucon, Rapa Nui, Niebla, Isla Negra, Valpo, La Serena, Coquimbo, Montegrande, Antofagasta, Algarrobo, Iquique, Arica, Bariloche y llolleo for ever (Se me deben haber olvidado muchos lugares). Esos eternos viajes en bus con turismos del rosario en que animabas los viajes cantando y contando chistes. Dijiste que era la forma de pagar porque no te cobraban por mi hermano.
Se te ocurrió ser guía turística, y sí, nuevamente lo fuiste. Para viajar, lo que amaste mucho y para conocer gente, lo que te encantaba. Te permitiste recorrer muchas veces Chile, y disfrutaste a concho.
No quiero olvidar tampoco, cuando quisiste ser artesana y pusiste un puesto en pomaire. Ahí nos tocó hacer el aguante, nos tocó vender y ayudarte a hacer las artesanías.
Porque amaste el mar en profundidad. Siempre pensé que querías la casa de Pablo Neruda. Las manos no nos alcanzan para contar las veces que fuimos a verla, con tus alumnas y alumnos (otra razón en tu vida para dar, dar mucho más de tus energías). Tus niñas y niños te quitaban gran parte de tu corazón, muchas veces los ayudaste. Quizás también quisiste llevártelos a la casa. Hiciste campañas solidarias, para muchas veces vestirlos, o comprarles comida. Te sacrificaste en la noche, haciendo masas para hacerles las chaparritas. Compraste dulces para sus bolsitas de fin de año. O cualquier recuerdito para recordarles que eran amados. Esas salas con tele, con fundas, con muebles, con olor a limpio, con olor a hogar. Porque eso quisiste darles: un hogar en el colegio. Ese lema de bob el constructor que les ponías en la pizarra: “podemos hacerlo, sí podemos”. Para recordarles que la fuerza interior está dentro y que si tenemos una meta, la podemos cumplir. Cómo tú lo pudiste hacer siempre.
Adoptaste a otro hijo, mi primo, Andrés. Porque cuando yo te decía envidiosamente con 6 años: “porque le compras colación a mi primo”, me decías: “porque también es mi hijo”. Y sí, lo aceptaste como uno más y así nos amamos, como hermanos. Una mujer agradecida y generosa. Cuánto la tia María Inés, lavaba a mano, quisiste comprarle una lavadora y la compraste.
Tus sobrines y sobrines nietos, que regaloneabas con chaparritas. Acá en la casa llenabas de cositas riquitas, cómo dice la Mati. Los amaste demasiado, lo demostraste con haaaarta comida. Y no olvidar tu especialidad, los viajes, los invitaste a pasear. El Arturito fue el último, que fue contigo al sur: Chiloé. Lo obligaste a bailar, a sacar sonrisas para hacerle parecer a los tíos que lo estaba pasando bien. Y sí, lo pasó súper, porque en la cámara fotográfica quedaron los registros del momento.
Porque cuando el tata no terminaba la casa, invertiste en ella y ahora es una belleza. Vendiste tu casa para hacerte ese anhelado departamento al lado de tus papis, para cuidarlos, porque estaban solos y necesitaban compañía. Lo dejaste todo, tus comodidades, tus tiempos, tus espacios. Porque resististe al orgullo de tus hermanos, que muchas veces te hicieron ver que esa no era tu casa, aunque fielmente la mantenías con todos sus gastos y energías. Dijiste muchas veces: “el tatita solo tiene que disfrutar, no puede estar gastando”. Espero que este último tiempo te hayas reconciliado con cada una y uno, porque sí, lo hiciste desinteresadamente. Te gustaba cobrar, sí, pero esa era tu alma de comerciante.
Y cómo olvidar tus amistades, las que te hacían vibrar. Las juntas de pisco sour, los cafecitos, los pastelitos, las sopaipillas, las empanadas, porque había que tener comida para las conversas y risas.
Mamá luchona, te esperábamos con la tía Nanita ansiosos, tú siempre con las manos llenas. A veces más con papel higiénico y toallas de papel, que con comida. Tenias una obsesión con la limpieza y el orden. Si llegabas en la noche, nos decías: “¿quién dejó esta mochila en el sillón?”, “¿quien no limpió el baño y dejó la taza con restos de caca”. Te apodábamos la carmenchet. Por eso te hicimos un caserolazo, para recordarte que todavía había democracia en esa casa.
Una mujer de carácter, autoritaria. Nos mandabas a comprar. Cuando la joaca se ofrecía y nunca entendía nada.
Nunca nos dejaste tener perritos, nos troleaste una vez cuando llegaste con uno de juguete y lo prendiste para verificar que si tenía vida, pero con pilas. Años antes, si tuvimos gallinas y gallos, que amabas a pesar de que dejaban el auto cagado (el que yo tenía que lavar) y qué día por medio dejaban un huevito en recompensa por toda la ediondez. Pasaron los años, y aceptaste al Nico, arbitrariamente, porque sabías que me iba a casar y que estaría poquito tiempo. Ahí fue cuando te enamoraste de los perros. Después llegó el osito, huérfanito de mi wely, al que no querías en un principio, pero que se fue ganando el cariño. Con ellos dormías, regaloneabas y cuidabas. Al tiempito, llegó la perrita mayor, la Anto, tu nieta loquilla que te robó el corazón. Veías y veías los videos de sus locuras. Cuando ibas a estudiar, comprabas en ula ropita para ella. Porque sí, con casi 50 años se te ocurrió estudiar para ser gestora cultural, lo terminaste. Después fue, para ser arteterapeuta, lo que no terminaste, pero que si pusiste todas las energías en terapearte a ti misma. Lloraste con nuestros logros, te sacaste la mugre trabajando. Yo quería a mi mami más tiempo conmigo, por eso te recriminé muchas veces, pero ahora te entiendo tanto. En Santiago, a pesar de tener a mi yunta, Joaca, me toca dejar a mi hija temprano en el jardín y después en la tarde, para ir a buscarla (A veces con las manos llenas como tú). Ahora la anto está un ratito despierta y después se duerme. Eso a mi me da pena, porque pienso que el tiempo de calidad no lo está conmigo. Yo creo que te pasó lo mismo, por eso los fines de semana o las vacaciones nos sacabas tanto, para aprovechar los tiempos de calidad con nosotros. Te amamos profundamente Mamita, quisiera que esto fuera un sueño, o más bien, una pesadilla, y que hoy no te estuviéramos despidiendo. La vida es eso: fugacidad, fragilidad, enseñanza, valentía y recompensa. Solo les pido que sigan recordándola, amándola desde lo más profundo, porque eso era mi mami: amor, profundo amor desinteresado. Ustedes han sido transformados por una persona común y corriente, una ser de luz, maravillosa y de piel. Cada una y uno se llevó lo mejor de ella, su pecho estaba inflado con tanto amor y ganas de vivir. Recuerden que todo se transforma. Mi mamá decía: “hay que sembrar, para cosechar”. Estos días hemos cosechado todo su aguante, ahora se nos infla el pecho de la mujer bacana que la vida nos regaló. Gracias por acompañarnos, por formar parte de su vida y haberla hecho tan feliz. Recuerden su sonrisa, eso lo decía todo.
Adiós querida mamita, te buscaré en una estrella del cielo, para recordarme que res eterna, perenne, maravillosa, hermosa y brillante, la más brillante. Que las ancestras te reciban con amor, amor del bueno, ese que diste sin descansar.
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