domingo, 11 de octubre de 2020

Cuento mi historia para cerrar un ciclo

 Quisiera contarles la historia de mi separación con mi ex, porque no solo fue una pareja, sino que en ese momento era la idealización de amor romántico, que tanto mal nos hace y que nos lleva muchas veces a la violencia. Poleamos 7 años y decidimos casarnos. Siempre fue una historia tortuosa, yo dejé de ser lo que era y él me obligaba a serlo... Sin justificaciones, pienso que es esa idea de que nosotras las mujeres somos una suerte de "vírgenes marías". Cuando tomamos la decisión, quizás por presión social, o porque teníamos que avanzar en nuestra escala social "el matrimonio". Coincidentemente, una amiga o conocida, más bien, Johana, se casaba también, nos contactamos para darnos datos, siempre en buena onda. Ella había sido la que me dió un tour por la Usach y me prestó ayuda en ese momento del cachorreo. Me sentí contenida en esas primeras semanas de universitaria, porque sabía que estaba. La verdad que siempre le tuve aprecio (después entenderán por qué la nombré).

El tema es que, al momento de casarnos, claro, muy ilusionados, con ganas de ser padres (más de él que mías, pero me terminó convenciendo). Pasaron unos meses y estaba embarazada. En un contexto que claramente normalizaba, como que me gritara o solo yo fuera la responsable de la casa. Esa labor abnegada que nos enseñaron a las mujeres. También me sentí responsable de su actuar. Me decía cosas como: "tú haces que me ponga mal", "mis arrebatos son culpa tuya". Yo siempre con mucha culpa, con ganas de hacerlo cambiar, de hacer todo para que se sintiera bien. Habían amigas y amigos que no le gustaban, solo quería que me juntara con su grupos y yo siempre sediendo. Que estuviera solo con su familia y la mía era la peor... Me fui convenciendo de eso. Era todo muy terrible, pero normalizado. Vivía presa en mi propia casa y con mi supuesto "compañero". El tema fue que, quedé embarazada. Estábamos ansiosos de conocer a María Antonia. Una niña deseada, planificada, esperada y amada por todes. Te contaban el cuento de lo hermoso de la maternidad y la verdad es que es un proceso muy solitario sino tienes el apañe del padre. Que lleváramos una vida tan cerrada y violenta hacia que no dejaramos entrar a quién quería ayudarnos. Fue una etapa difícil. La viví muy sola, viví mi propia cuarentena. El papá de mi hija hacía su vida normal y yo completamente entregada a ser mamá, esa virgen María que lo tiene que dar todo por la familia. Fueron meses tristes, coincidieron con el duelo de mi abuelita materna, un pilar fundamental en mi vida.

Meses antes de cumplir 2 años de matrimonio, la historia se ponía más difícil. No estábamos bien, pero yo tenía toda la disposición a seguir juntos (con esa idea idealizada que te casas para toda la vida). Pasó un mes apróx. y apareció Johana, de quien les hablé antes. Una enfermera, que coincidió para ayudar a la abuela de mi ex, porque estaba muy enferma. Comenzó a involucrarse mucho, a quedarse en casa, a frecuentarnos, y e ir también, a la casa de la familia de mi ex. Salíamos los 4. Ella casada, su esposo esperándola en Canadá y con ideas de ser mamá. Incluso me pidió que le hiciera un nido-colecho para llevarselo a Canadá (yo alcancé a comprar la tela). Una vez nos dijo que si yo podía ser vientre de alquiler, que quería tener una hija tan linda como la mía y que no importaba la plata. Yo lo encontré muy extraño. Eran de esos días que ya notaba todo muy raro. Un día estábamos viendo soltera otra vez con mi ex, de la nada se levanta al baño (su celular estaba conectado a la tv) y recibe un mensaje de ella diciéndole: "amigo, lo pasamos muy bien en kionga, tiene que repetirse". Él anteriormente le decía que yo no podía saber nada de esa salida. Le pregunté qué onda el mensaje. Me dolió que no me contará, pero nunca sospeché de una infidelidad. Confiaba en los dos. 

Pasaron un par de semanas, teníamos un viaje planificado a puerto montt, los 3 como familia. Fuimos y allá el comportamiento de él era muy raro. Al segundo día me dice: "quiero separarme de ti, somos muy distintos". Lo primero que le dije: "estás con alguien". Lo negó siempre, hasta el final. Y bueno, ese viaje fue un infierno. Él nos dejaba solas en cada lugar que íbamos con mi hija, hablaba mucho por teléfono. Decía que era su mamá. Con el tiempo entendí que era ella, y pasado los años, en alguna conversación, él lo confirmó. Fue todo muy terrible, muy triste. Era mamá y tenía que ser fuerte, hacerme la fuerte. 


Llegamos a Santiago y extrañamente, era ella quién acompañaba a la prima al aeropuerto. Llegamos muy tarde (12 de la noche) y él nos dejó en Melipilla y se fue a un supuesto asado en María Pinto, con amigos. Él se fue de la casa con ella. Con el tiempo también entendí que se fueron juntos. 

Volvió al otro día y todo siempre extraño. Él la iría a dejar al aeropuerto porque ella tenía un viaje a la Serena. La verdad que ya empezaba a sospechar. Estuve una semana viviendo un infierno en Melipilla. Incluso, me fui una noche a algarrobo con mi Mami y le conté que no estabamos bien. Mi mami me apoyó, siempre con la intención de que siguiéramos juntos. Pero él, salía todas las noches. No le importaba que yo estuviera mal, que su hija fuera bebé y la necesitaba. Nada le importaba. Con el tiempo entendí que se juntaba con ella y la familia de él estaba detrás de todo. Sumo además, que en ese tiempo, teniendo la mínima confianza en ella, le acepté una pastilla para poder dormir: era clonazepan. Hoy me doy cuenta que me drogó y sin más. 

Dentro de las conversaciones para mejorar la situación, le acepté una propuesta que decía que ambos tendríamos más tiempo personal. Que un día se quedaría él con la niña y yo saldría a dormir fuera, y así vicerversa. El día que me tocó a mí fue terrible. Quise hacer cosas, pero mi mente estaba allá. Extrañaba mucho a mi hija (de 5 meses en ese momento). Lo llamé muchas veces y nunca contestó. Fui a la casa y mi hija estaba con Johana en los brazos. La miré, le dije, vine a ver a mi hija y me la llevé a la pieza. Por un amigo, me enteré que ella había dicho que llegué gritando, que di portazos y quizás cuanta cosa más. Nunca fue así. Me devolví triste, ya había llegado mi ex y fue la primera noche sin mi hija. 

Yo me quedaría con mi papá. Estaba preocupada por él. Se había hecho unos exámenes y semanas anteriores le había preguntado a johana (cuando había confianza en ella) que decían porque no entendiamos nada. Ella me dijo, es preocupante, tu papá puede tener cáncer (ojo que nunca estuvo enfermo de cáncer). Yo me quedé callada todo ese tiempo. Estaba preocupada ya por muchas cosas. El tema fue que, le conté a mi papá de la situación y él me ofreció ayuda, me dijo que viviera con él por un tiempo. Él, siempre con esperanzas de que volviéramos. 

Volví al otro día decidida y le dije: "me voy, no aguanto más esto, me estoy volviendo loca". Me dijo: "si te quieres ir, andate, pero déjame a la niña". Le respondí que no y que nunca me la iba a quitar. Que sabía que su tía y abuela tenían mucha plata, pero que a mi hija no me la iban a quitar como lo hicieron con él. Soy capaz de endeudarme, de sacar créditos, de trabajar extra, pero mi hija se queda conmigo. Así fue como inicié el camino de separarme. Yo tomé la decisión, yo me fui. Pasadas las semanas, ya con sospecha, revisaba todos los días su cuenta de Facebook, tenía una intuición y la confirmé. El mensaje decía de parte de él hacia ella: "hola amorcito, dígame donde está, por favor". Lo llamé, fui lo menos sorora posible (hoy me arrepiento de eso). Ya con la idea más clara de que la separación era definitiva, no había vuelta, nunca más nada. Él se desesperó, insistió en conversar, lo negó todo. La negó muchas veces, conmigo, sus amigos, con todo.

Fueron meses difíciles, no dormía, tenía que trabajar porque volvía del postnatal. Fue terrible. Él vio por un par de meses a mi hija y después se olvidó de ella por unos tres. Hasta que iniciamos un juicio, largo, extenso, doloroso, pero sirvió. 

Mi instinto, a pesar de su negación, siempre supo que estaba con ella y que fue el impulso que tuvo para no hacer más por mejorar la situación. Hoy lo agradezco, gracias a eso soy quien soy en estos momentos. Claramente, ellos no fueron y no son buenas personas, pero esa mala experiencia me ayudó a salir de una relación violenta. 

Pasaron 2 años y medio y el tiempo me dio la razón. De un día para otro me pidió que le ayudara a darle una noticia a María Antonia, claramente, era que tendría una hermanita, hija de él y Johana. 

Escribo esto porque no quiero que se me olvide y que mi hija sepa la verdad. Me costó salir de este proceso doloroso, pero hoy sobrevivo fuerte. No sabía que vendrían momentos peores como la muerte de mi madre. Esto me hizo más fuerte, el universo me estaba preparando para lo peor.

Les dejo esta historia solo para que sepan que podemos salir de momentos difíciles, somxs capaces, siempre podemos, siempre se puede más. Para mí fue una oportunidad.