sábado, 17 de mayo de 2025

Microcuentos para compartir

Eres viento, mamá

Suena “Viento” de las Yorkas en el parque Héctor Pino. Cierro los ojos y siento un abrazo fuerte. Siento olor a papas fritas, manos calientitas y una dulce voz que me dice: aquí estoy contigo, hija. 


Alto Rumay 

Olor a campo y los perros ladrando. Ese aire que no encuentras en Santiago. Esa brisa con olor a yuyo sobre mis narices. No se paga con nada que el paisaje de tu ciclovía sea ese. La tranquilidad es inalcanzable cuando las luces se apagan y la luna con hermanas estrellas lo iluminan todo.


Sororidad 

Soy testigo de llamadas telefónicas. Mi hija y su padre conversando. Una voz de susurro preguntando, y en respuesta “ya, ya, ya, anda nomás a Melipilla” en un tono autoritario y despectivo. Era su compañera pidiéndole algo. No dejé de pensar en eso, no dejé de mirarla con compasión y sentir y decirle a gritos: “por favor, sal de ahí”. “Toma a tu hija y arranca”. También me vi a mí. A mi yo de años atrás, la que obedecía, la misma que pedía permiso. En ese momento la rabia, la traición y la mentira pasó a otro nivel: la sororidad. 


Instinto suicida

Cuando bajo a la estación de metro, tengo ese instinto suicida de querer cruzar al otro andén. 


Bicimeditación

Preparo mi bicicleta para salir. Maipú, Agustinas, Libertad y la plaza Yungay. Olor a marihuana intermitente, ruido Santiaguino. Gente, autos, motos, camiones, micros, y al mismo tiempo, la calma de sentarse a disfrutar. Me pongo a mirar. Respiro y pienso que por un segundo, que acá no existe nada más que mi bici y yo.


Barrio meiggs

Miles de hormigas caminan de un lado a otro. Se preparan para el inicio del año escolar, el día de la mamá, el día del papá, el día de la niña y el niño, así pasa también con fiestas patrias, halloween, navidad y Año Nuevo. Las mismas hormigas vuelven al otro año y en las mismas vísperas. 


Pacto de la vida adulta 

Esa noche no volvió a ser la misma. La complicidad se apoderó de nosotrxs. Cruzamos miradas, risas, el vino traspasó la confianza y supimos contar lo que faltaba por decir. Fue un pacto placentero. Un pacto secreto de la vida adulta. 

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