jueves, 8 de agosto de 2019

¿Qué es la felicidad?

Muchos nos preguntamos si alguna vez hemos sido felices. O quizás, si creímos ser felices. Antes yo entendía que para ser feliz, tenía que hacerlo para los otros. Fingí muchos veces serlo. La verdad que me pasaba quejando, miraba siempre al resto y no me miraba a mi. Nunca disfrutaba de los momentos vividos, ni los simples ni complejos. Tenía miedo a equivocarme, a fracasar y a volver a empezar. Mi gran fracaso era pensar en separarme. Siempre pensé que el día que pasara, no sería capaz de hacer nada. Quedaría paralizada. También, pensaba que si mi abuela o abuelo se morían, no iba a salir nunca de la pena. Y bueno, la vida me dio estas dos lecciones. Mi abuela materna, Aida, una de más mujeres bacanas, falleció. Fue terrible. Un momento doloroso. La extraño todavía, ahora ya no con pena, sino con nostalgia de los momentos vividos, recordando sus enseñanzas y valores. Mi abuela era mi confidente, la que me escuchaba y aconsejaba. Fue muy duro no tenerla cerca. Después, vino mi separación, al principio, muy dolorosa también. Extrañé mucho al papá de mi hija, pensé que iba a durar más tiempo la pena, pero no. Fui reflexionando el asunto; gracias a mi terapeuta, mi hermana, mi familia, amigas y amigos hasta encontrarle un sentido a lo vivido. Hoy pienso que fue maravilloso. Nací de nuevo, me encontré conmigo, me enamoré de mi, disfrute de lo simple. Desde mirar la luna, las estrellas, los atardeceres, reírme de tonteras, jugar a ser niña con mi hija, todo tenía un sentido. Qué proceso más hermoso cuando eres capaz de hacer un giro y crecer. No digo que no siga haciéndolo, pero hoy la felicidad se me nota. No estoy con la cara llena de risa siempre, pero si, mis sonrisas son espontáneas, me salen del alma. Disfruto la vida con pequeñeces. Hice un cambio rotundo, ya no miré a los demás, me mire a mi y lo que me hace feliz. Esa es la verdadera felicidad, que deja de ser un estado, sino una decisión. 

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